domingo, 8 de julio de 2012

Río+20: Un encuentro furtivo



Por Antonio Brailovsky
www.ambienteacademico.com.ar
 
Hace veinte años, se produjo un hecho político muy significativo: la totalidad de los gobernantes del mundo y las mayores organizaciones no gubernamentales se reunieron en la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro. En ese evento, también llamado Eco´92, asumieron el compromiso de orientar sus esfuerzos al mejoramiento del ambiente, que debía hacerse en el marco de la participación ciudadana.
Se citaron para volverse a encontrar veinte años más tarde y compartir los logros de este período. Se acaban de reunir, en lo que se llamó Río+20
Pero cuando se pusieron a comparar lo que habían hecho, se encontraron ante una enorme cantidad de promesas incumplidas.
A pesar de tantos discursos, en estos veinte años aumentó la pobreza y empeoraron las condiciones ambientales de los sectores más postergados. Nadie hizo nada por evitar las guerras posteriores a la caída del bloque soviético. Se produjeron el peor derrame de petróleo y el peor accidente nuclear de la historia. Se profundizaron los efectos del cambio climático sin que se redujeran las emisiones de gases de efecto invernadero ni se adoptaran medidas adecuadas de mitigación en la mayor parte del mundo. Se desarrollaron amenazas ambientales nuevas, como la minería descontrolada y la aplicación de la ingeniería genética al monopolio agrícola. Hubo significativos avances legales, aunque con un bajo grado de cumplimento.
De un modo coherente con tanta negligencia, se volvieron a reunir en Río, esta vez sigilosamente, para que los pueblos no les reclamaran lo que debían haber hecho y no hicieron. Es sugestivo que gobiernos que tienen tantas diferencias entre sí hayan operado de conjunto para encubrirse mutuamente sus falencias ambientales.
Les envío el documento final de Río+20. Pueden bajarlo de aquí:
Verán que simplemente se olvidaron de hacer una rendición de cuentas de cómo cumplieron o incumplieron el compromiso de la Eco´92. Apenas si reconocen que los avances han sido insuficientes.

El texto es una suma de enunciados difusos, sin ningún compromiso concreto, y, por supuesto, sin que nadie haya dicho si iba a poner alguna suma de dinero para cumplirlo. El texto es comparable al que aprobaron en la ya muy lejana Conferencia de Estocolmo en 1972. Cambia la terminología pero no la actitud de situar los cambios en un futuro indeterminado. Leyéndolo, parece más el proyecto de una pequeña agrupación estudiantil que la declaración conjunta de casi todos los Gobiernos del mundo.
Dos ausencias significativas son:
  • No se menciona la Agenda 21, una propuesta de gestión ambiental integrada con  participación  ciudadana, que fue el principal aporte de la Eco´92. Se elimina el protagonismo de los pueblos y se espera que todos los cambios provengan de las grandes empresas multinaciones, a través de la recién inventada economía verde.
  • También borraron todas las menciones a los derechos reproductivos, que estaban en los primeros borradores y de los que no quedó ni siquiera una frase ambigua.


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